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Haití: un país muy vulnerable antes del terremoto

Los efectos de un seísmo como el que ha sacudido a Haití se multiplican cuando se produce en un país extremadamente vulnerable, el más pobre de todo el continente americano.

 

En 2008, y en atención al Índice de Desarrollo Humano (IDH) que elabora el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Haití ocupaba el puesto 148 sobre un total de 179 países. Se trataba del país más pobre del continente americano. El IDH se mide atendiendo a la esperanza de vida al nacer, el acceso a la educación y la renta per cápita.

Según el PNUD, el 76% de la población haitiana vivía bajo el umbral de la pobreza, con menos de dos euros al día. El 54% sobrevivía en una situación de pobreza extrema.

En 2009, según la ONU, el 40% de la población de Haití vivía sin acceso al agua potable y a sistemas de saneamiento.

Únicamente el 52% de los haitianos está alfabetizada. UNICEF estima que al menos medio millón de niñas y niños en edad escolar estaban sin escolarizar en 2009.

Entre 2001 y marzo de 2007, diferentes desastres naturales provocaron la muerte de 18.000 personas y dejaron a 132.000 personas sin hogar. La pobreza, la falta de infraestructuras, la degradación del medio ambiente y la vulnerabilidad de una zona del mundo particularmente expuesta a las inclemencias del clima provocaron tal impacto en el país.

Amnistía Internacional, en su informe relativo a 2009 sobre Haití, introducía así la información recogida y analizada:

“La escasez de alimentos, el desempleo crónico y los desastres naturales agravaron la pobreza y la marginación, poniendo en peligro los niveles mínimos y esenciales de acceso a asistencia médica, una vivienda adecuada, educación, agua y sistemas de saneamiento. Se recibieron informes sobre malos tratos y uso excesivo de la fuerza por parte de agentes de policía. La violencia sexual contra las mujeres era generalizada; las niñas menores de 18 años eran las que corrían un peligro mayor. Miles de personas seguían detenidas en espera de juicio en condiciones de hacinamiento durísimas. Continuó sin disminuir el tráfico de personas a la República Dominicana”.